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  • Nos quedamos en silencio y cesaron las bromas. Nos miramos mudos a los ojos y un intenso anhelo por la más completa confesión de la verdad nos forzó a una confesión que no requería palabras, ni la inconmensurable desgracia que pesaba sobre nosotros. Con lágrimas y sollozos sellamos el voto de pertenecernos sólo el uno al otro.