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  • Que ninguno de vosotros tenga un alma estéril y sin fruto. Que nadie sea poco cariñoso o poco receptivo a la semilla espiritual. Que cada uno de vosotros acoja con entusiasmo la semilla celestial, la palabra de salvación (cf. Lc 8,11), y con su propio esfuerzo la lleve a la perfección como obra celestial y fruto agradable a Dios. Que nadie comience una obra buena que no da fruto a la perfección (cf. Lc 8,14), ni declare su fe en Cristo sólo con la lengua.