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  • Así como Dios no puede enviar a una nación o a un pueblo mayor bendición que la de darles ministros fieles, sinceros y rectos, así la mayor maldición que Dios puede enviar a un pueblo en este mundo es entregarlo a guías ciegos, no regenerados, carnales, tibios e inexpertos.

    George Whitefield (1904). “Selected Sermons of George Whitefield: With an Introduction and Notes by the Rev. A.R. Buckland ...”, p.880, CCEL