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Con frecuencia el enemigo incita a los cristianos a albergar un espíritu que no perdona - un síntoma muy común entre los hijos de Dios. Esa amargura, esa búsqueda de culpables y esa enemistad infligen un duro golpe a la vida espiritual.
Con frecuencia el enemigo incita a los cristianos a albergar un espíritu que no perdona - un síntoma muy común entre los hijos de Dios. Esa amargura, esa búsqueda de culpables y esa enemistad infligen un duro golpe a la vida espiritual.