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  • La vida cotidiana nos rodea de un caos arremolinado, y es fácil caer en las garras de los miedos y la confusión de nuestro ego. Recuérdate cada día tus intenciones y tu propósito espiritual. Medita, encuentra tu centro, mírate atentamente y no sueltes tu intención hasta que la sientas centrada en tu interior.