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Jesucristo revela, no a un Dios avergonzado, no a un Dios confuso, no a un Dios que se mantiene al margen de los problemas, sino a Uno que está en medio de todo con el hombre.
Jesucristo revela, no a un Dios avergonzado, no a un Dios confuso, no a un Dios que se mantiene al margen de los problemas, sino a Uno que está en medio de todo con el hombre.