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  • La enfermera gris reanudó su labor de punto mientras Peter Walsh, en el asiento caliente a su lado, empezaba a roncar. Con su vestido gris, moviendo las manos infatigable pero silenciosamente, parecía la campeona de los derechos de los durmientes, como una de esas presencias espectrales que surgen en el crepúsculo en los bosques hechos de cielo y ramas. El viajero solitario, merodeador de senderos, perturbador de helechos y devastador de plantas de cicuta, al levantar la vista, ve de pronto la gigantesca figura al final del paseo.

    Virginia Woolf (2012). “Mrs. Dalloway - Broadview Edition”, p.56, Broadview Press