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Cuando nos apoderamos de una ilusión -o, para el caso, siempre que tenemos una idea nueva-, en lugar de buscar formas de demostrar que nuestras ideas son erróneas, solemos intentar demostrar que son correctas. Los psicólogos llaman a esto el sesgo de confirmación, y supone un gran impedimento para nuestra capacidad de liberarnos de la interpretación errónea del azar.