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  • A menos que haga enormes esfuerzos, no se convencerá de que el esfuerzo no le llevará a ninguna parte. El yo es tan seguro de sí mismo que, a menos que esté totalmente desanimado, no se dará por vencido. La mera convicción verbal no es suficiente. Sólo los hechos concretos pueden demostrar la absoluta nada de la autoimagen.