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  • Cuando perdemos de vista a Dios nos volvemos duros y dogmáticos.
    Lanzamos nuestras propias peticiones al trono de Dios y le dictamos lo que queremos que haga. No adoramos a Dios, ni buscamos formar la mente de Cristo. Si somos duros con Dios, seremos duros con los demás.

    Oswald Chambers (2011). “My Utmost for His Highest Classic Edition”, p.190, Discovery House