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No es famoso. Puede que nunca lo sea. Puede ser que cuando su vida por fin llegue a su fin no deje más rastro de su estancia en la tierra que el que una piedra arrojada a un río deja en la superficie del agua. Pero puede ser que la forma de vida que ha elegido para sí mismo y la peculiar fuerza y dulzura de su carácter tengan una influencia cada vez mayor sobre sus semejantes, de modo que, quizá mucho después de su muerte, se comprenda que ha vivido en esta época una criatura muy notable.