Autores:
  • Dios está en la punta de nuestros escalpelos, nuestros destornilladores, nuestros terminales de ordenador, nuestros trapos para el polvo, nuestras aspiradoras, nuestros lápices y bolígrafos. Está con nosotros en nuestras sillas de ruedas, o en nuestras camas de hospital, cuando todo lo que podemos hacer es sentarnos o tumbarnos. Cuando le vemos a Él y Su propósito en lo que hacemos, empezamos a ser conscientes de Su presencia en medio de ello. Somos capaces de entablar nuestra conversación interior con Él mientras trabajamos, con naturalidad, sin esfuerzo. Él se convierte en nuestro socio, nuestro colaborador.