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  • Cuida cómo rezas. Haz de ello un verdadero negocio. Que nunca sea una formalidad muerta... suplica la promesa de una manera veraz, como en los negocios... Pide lo que quieres, porque el Señor lo ha prometido. Cree que tienes la bendición, y ve a tu trabajo con plena certeza de ello. Vete de rodillas cantando, porque la promesa se ha cumplido: así será contestada tu oración...la fuerza [no la duración] de tu oración...gana...Dios; y la fuerza de la oración reside en tu fe en la promesa que has suplicado ante el Señor.