-
Por qué Dios nos quiere y nos necesita es un misterio. Pero es cierto: de otro modo no nos habría creado y la vida, en última instancia, no tendría sentido para nosotros. Es bueno recordar que en Dios hay una constancia, una coherencia de actitud que nunca cambia, independientemente de lo que seamos o de cómo actuemos: nunca cambia en su querernos o necesitarnos.