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Y así, mientras los grandes se marchan a cenar, el secretario se queda, cada vez más delgado, devanándose los sesos para registrar e informar de lo que él piensa que ellos piensan que deberían haber pensado.
Y así, mientras los grandes se marchan a cenar, el secretario se queda, cada vez más delgado, devanándose los sesos para registrar e informar de lo que él piensa que ellos piensan que deberían haber pensado.