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Nuestras almas no están hambrientas de fama, comodidad, riqueza o poder. Nuestras almas están hambrientas de sentido, de la sensación de que hemos descubierto cómo vivir para que nuestras vidas importen.
Nuestras almas no están hambrientas de fama, comodidad, riqueza o poder. Nuestras almas están hambrientas de sentido, de la sensación de que hemos descubierto cómo vivir para que nuestras vidas importen.