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No es la duración sino la calidad de vida lo que me importa. Siempre ha sido importante para mí escribir una frase cada vez, vivir cada día como si fuera el último y juzgarlo en esos términos, a menudo mal, no porque careciera de grandes gestos o grandes pasiones, sino porque fallaba en las virtudes cotidianas de la autodisciplina, la amabilidad y la risa. Es el amor, el amor humano, muy ordinario, y no el miedo, el que es el buen maestro y el juez más sabio.