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  • La Nochebuena Nos sentamos entre los establos de Belén; Las vacas mudas de su forraje se volvieron, Suavizaron sus rostros cornudos A miradas casi humanas Hacia el recién Nacido: Los simples pastores de los arroyos iluminados por las estrellas Trajeron miradas visionarias, Mientras que en su asombrado oído resonaba La extraña y dulce lengua de los ángeles: Los magos de Oriente, con sandalias gastadas, se arrodillaron reverentes, barriendo a su alrededor, con largas barbas pálidas, sus regalos en el suelo, el incienso, la mirra y el oro Estas manos de bebé eran impotentes para sostener: Que todos los terrenales y celestiales esperen en tu estado real. Duerme, duerme, mi Rey.