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La resurrección de Jesucristo de entre los muertos es uno de los hechos mejor atestiguados de los que se tiene constancia. Hubo tantos testigos que la contemplaron, que si aceptamos en lo más mínimo la credibilidad de los testimonios de los hombres, no podemos ni nos atrevemos a dudar de que Jesús resucitó de entre los muertos.