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  • En la habitación a oscuras, una nube de polvo amarillo salía volando de debajo de la herramienta como un reguero de chispas bajo los cascos de un caballo al galope. Las ruedas gemelas giraban y zumbaban. Binet sonreía, con la barbilla baja y las fosas nasales dilatadas. Parecía perdido en el tipo de felicidad que, por regla general, sólo acompaña a esas ocupaciones mediocres que hacen cosquillas a la inteligencia con dificultades fáciles, y la satisfacen con una sensación de logro más allá de la cual no queda nada de lo que los sueños puedan alimentarse.

    Gustave Flaubert (1999). “Madame Bovary: Life in a Country Town”, Oxford University Press, USA