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Se ha jugado con las palabras y se ha pretendido creer que negarse a conceder un sentido a la vida conduce necesariamente a declarar que no merece la pena vivirla. En realidad, no hay ninguna medida común necesaria entre estos dos juicios.
Se ha jugado con las palabras y se ha pretendido creer que negarse a conceder un sentido a la vida conduce necesariamente a declarar que no merece la pena vivirla. En realidad, no hay ninguna medida común necesaria entre estos dos juicios.