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  • Sopla el viento; las embarcaciones con las velas desplegadas lo atrapan y siguen su camino, pero las que tienen las velas enrolladas no atrapan el viento. ¿Es culpa del viento? ¿Es culpa del Padre misericordioso, cuyo viento de misericordia sopla sin cesar, día y noche, cuya misericordia no conoce decadencia, es culpa suya que unos seamos felices y otros infelices? Nosotros forjamos nuestro propio destino. Su sol brilla tanto para los débiles como para los fuertes. Su viento sopla tanto para el santo como para el pecador. Él es el Señor de todos, el Padre de todos, misericordioso e imparcial.

    Swami Vivekananda (2015). “The Complete Works of Swami Vivekananda”, p.671, Manonmani Publishers