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Lo primero que debe tener un escritor es entusiasmo. Debe ser una cosa de fiebres y entusiasmos. Sin ese vigor, bien podría estar recogiendo melocotones o cavando zanjas; Dios sabe que sería mejor para su salud.
Lo primero que debe tener un escritor es entusiasmo. Debe ser una cosa de fiebres y entusiasmos. Sin ese vigor, bien podría estar recogiendo melocotones o cavando zanjas; Dios sabe que sería mejor para su salud.