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Puedes temer que el Señor te haya pasado de largo, pero no es así: el que cuenta las estrellas y las llama por sus nombres, no corre peligro de olvidar a sus propios hijos. Conoce tu caso tan a fondo como si fueras la única criatura que ha creado, o el único santo que ha amado. Acércate a él y estarás en paz.