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  • Si miras a tu alrededor, puedes encontrar un rostro de Dios en cada cosa, porque Él no está escondido en una iglesia, en una mezquita o en una sinagoga, sino en todas partes. Como no hay nadie que viva después de verlo, tampoco hay nadie que muera después de verlo. Quien Le encuentra, se queda para siempre con Él.