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Hay una dulzura invisible en el vacío del estómago. Somos laúdes. Cuando la caja de resonancia está llena, no puede salir música. Cuando el cerebro y el vientre arden por el ayuno, a cada momento una nueva canción surge del fuego. Las nieblas se disipan y una nueva vitalidad te hace subir los escalones que tienes ante ti . . .