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Para resumirlo todo, si quieres escribir, si quieres crear, debes ser el tonto más sublime que Dios haya parido y mandado a divagar. Debes escribir todos los días de tu vida. Debes escribir libros espantosamente tontos y libros gloriosos, y dejar que luchen en hermosas peleas dentro de tu cabeza, vulgares en un momento, brillantes al siguiente.