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La segunda ley: La barrera de la complejidad. La complejidad del software (y, por tanto, la de los errores) crece hasta los límites de nuestra capacidad para gestionar esa complejidad.
La segunda ley: La barrera de la complejidad. La complejidad del software (y, por tanto, la de los errores) crece hasta los límites de nuestra capacidad para gestionar esa complejidad.