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La repetición tiene su valor. Cuando repetimos ciertas frases e incluso acciones, como tocar las cuentas de la oración, creamos un ritmo tranquilo en nuestro espíritu. El latido de nuestro corazón es una repetición, al igual que el ritmo de nuestra respiración. Toda la vida tiene sus ritmos, y la repetición de oraciones familiares puede armonizar nuestro espíritu interior con el latido del Corazón Divino y la respiración del Cristo Divino.