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El deporte al que tanto debo ha sufrido profundos cambios, pero sigue siendo el béisbol. Los niños siguen imitando a sus héroes en los patios de recreo. Los aficionados siguen estropeando trajes caros al ir tras bolas de foul que cuestan cinco dólares. Las rachas de bateo siguen siendo noticia y los perritos calientes saben mejor en el estadio que en casa.