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  • Hay un poder en el alma, muy separado del intelecto, que barre o reconoce lo maravilloso, por el que se siente a Dios. La fe se sitúa serenamente muy por encima del alcance del ateísmo de la ciencia. No se apoya en lo maravilloso, sino en la eterna sabiduría y bondad de Dios. La revelación del Hijo debía proclamar un Padre, no un misterio. Ninguna ciencia puede barrer el amor eterno que siente el corazón, y que el intelecto ni siquiera pretende juzgar o reconocer.

    "Dictionary of Burning Words of Brilliant Writers". Book by Josiah Hotchkiss Gilbert, p. 220, 1895.