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  • Dios ha prometido Su gracia a los humildes, es decir, a los que se lamentan y desesperan de sí mismos. Pero un hombre no puede ser completamente humillado hasta que se dé cuenta de que su salvación está completamente más allá de sus propios poderes, consejos, esfuerzos, voluntad y obras, y depende absolutamente de la voluntad, consejo, placer y obra de Otro - sólo Dios.