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La alabanza es el ensayo de nuestro canto eterno. Por gracia aprendemos a cantar, y en la gloria seguimos cantando. ¿Qué harán algunos de ustedes cuando lleguen al cielo, si siguen refunfuñando todo el camino? No esperéis llegar al cielo con ese estilo. Pero ahora comiencen a bendecir el nombre del Señor.