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El mayor regalo de la vida en la montaña es el tiempo. Tiempo para pensar o no pensar, leer o no leer, garabatear o no garabatear... para dormir y cocinar y pasear por el bosque, para sentarse y contemplar las formas de las colinas. No produzco nada más que palabras; no consumo nada más que comida, un poco de propano, un poco de leña. Al ser completamente inútil en los cálculos de la cultura en general, me vuelvo útil, por fin, para mí mismo.