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Que en el invierno, viendo un árbol despojado de sus hojas, y considerando que dentro de poco tiempo, las hojas se renovarían, y después de eso aparecerían las flores y los frutos, recibió una elevada visión de la Providencia y el Poder de DIOS, que desde entonces nunca se ha borrado de su alma. Que esta visión lo había liberado perfectamente del mundo, y encendido en él tal amor por DIOS, que no podía decir si había aumentado en los más de cuarenta años que había vivido desde entonces.