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No hay nada más valiente para mí que una persona que anuncia que su historia merece ser contada, especialmente si esa persona es una mujer. Por mucho que nos hayamos esforzado y por mucho que hayamos avanzado, todavía hay muchas fuerzas que conspiran para decir a las mujeres que nuestras preocupaciones son insignificantes, que nuestras opiniones no son necesarias, que carecemos de la seriedad necesaria para que nuestras historias importen. Que la escritura personal de las mujeres no es más que un ejercicio de vanidad y que deberíamos apreciar este nuevo mundo para las mujeres, sentarnos y callarnos.