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El programador competente es plenamente consciente del tamaño estrictamente limitado de su propio cráneo; por eso aborda la tarea de programar con total humildad y, entre otras cosas, evita como la peste los trucos ingeniosos.
El programador competente es plenamente consciente del tamaño estrictamente limitado de su propio cráneo; por eso aborda la tarea de programar con total humildad y, entre otras cosas, evita como la peste los trucos ingeniosos.