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El invidente Milton, con sus cabellos enroscados alrededor de sus plácidas sienes; y Shakespeare a su lado, una carga, si la arcilla pudiera pensar y la mente fuera peso, para aquel que soportó el mundo.
El invidente Milton, con sus cabellos enroscados alrededor de sus plácidas sienes; y Shakespeare a su lado, una carga, si la arcilla pudiera pensar y la mente fuera peso, para aquel que soportó el mundo.