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Paz a estas pequeñas hojas rotas, Que esparcen nuestro suelo común; Que persiguen sus colas, como perros tontos, Mientras dan vueltas y vueltas. Porque aunque en invierno las ramas estén desnudas, no olvidemos ni una vez su gloria de verano, cuando estas hojas atrapaban al gran Sol en su fuerte red, y lo hacían temblar en el aire inferior, ¡no más grande que una estrella!