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Sin objetivos, sin prioridades, sin una estrategia de vida propia, vamos a la deriva con el rebaño por una interminable pradera de mediocridad, incapaces de soltarnos, de alcanzar siquiera una pequeña parte de los sueños que una vez acariciamos.
Sin objetivos, sin prioridades, sin una estrategia de vida propia, vamos a la deriva con el rebaño por una interminable pradera de mediocridad, incapaces de soltarnos, de alcanzar siquiera una pequeña parte de los sueños que una vez acariciamos.