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Mientras permanecíamos acurrucados bajo la tienda, que goteaba considerablemente por los lados, con nuestro equipaje a los pies, escuchamos algunos de los truenos más grandiosos que jamás he oído: truenos rápidos, redondos y gruesos, bang, bang, bang en sucesión, como artillería de alguna fortaleza en el cielo; y los relámpagos eran proporcionalmente brillantes. El indio dijo: 'Debe ser buena pólvora'. Todo en beneficio de los alces y de nosotros, resonando a lo lejos sobre los lagos ocultos.