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Empecé a enseñar a mi hijo a disparar cuando tenía dos años, empezando por lo básico de un rifle de balines. Mi teoría es que los niños se meten en líos por curiosidad; si no la satisfaces, te estás buscando grandes problemas. Si se les informa y se les instruye cuidadosamente sobre seguridad cuando son pequeños, se evitan muchos de los problemas. Mi hijo ha aprendido a respetar las armas. Siempre le he dicho: si quieres usar un arma, ven a buscarme. No hay nada que me guste más que disparar.