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Enfrentarse a nuestro sobrepeso -o a cualquiera de las dificultades de nuestra vida, para el caso- no es una batalla que haya que librar. Por el contrario, debemos aprender a hacernos amigos de nuestras dificultades y retos. Están ahí para ayudarnos; son oportunidades naturales para una comprensión y una transformación más profundas, que nos aportan más alegría y paz a medida que aprendemos a trabajar con ellas.