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  • Aldeas y bosques, prados y castillos, atraviesan la conmovedora escena, de la que el silbido de las locomotoras lanza agudas notas. Estos sonidos débiles y penetrantes, junto con los aullidos y ladridos de los perros, son los únicos ruidos que le llegan a uno a través de las profundidades del aire superior. La voz humana no puede subir a estas soledades ilimitadas. Los seres humanos parecen hormigas a lo largo de las líneas blancas que son las autopistas; y las hileras de casas parecen juguetes de niños.

    Alberto Santos-Dumont, (2013). “My Air-Ships”, p.24, Read Books Ltd