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  • Pero el béisbol era diferente... Te quedabas de pie, esperabas e intentabas tranquilizar tu mente. Cuando llegaba tu momento, tenías que estar preparado, porque si cometías un error, todo el mundo sabría de quién era la culpa. ¿Qué otro deporte no sólo guardaba una estadística tan cruel como la del error, sino que la colgaba en el marcador para que todo el mundo la viera? ... No podías esforzarte demasiado en no esforzarte demasiado antes de volver a esforzarte demasiado. Y esforzarse, como todo el mundo le decía, estaba mal, muy mal.