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  • No debemos, tan pronto como salgamos de la iglesia, sumergirnos en negocios impropios de la iglesia, sino que tan pronto como lleguemos a casa, debemos tomar las Escrituras en nuestras manos, y llamar a nuestra esposa e hijos para que se unan a nosotros para poner en común lo que hemos oído en la iglesia.