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Creer es una buena cosa, pero poner esas creencias en ejecución es una prueba de fuerza. Muchos son los que hablan como el rugido del mar, pero sus vidas son superficiales y estancadas, como los pantanos podridos. Muchos son los que levantan la cabeza por encima de las cimas de las montañas, pero sus espíritus permanecen dormidos en la oscuridad de las cavernas.