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  • Es correcto amar la belleza y desearla; pero Dios desea que amemos y busquemos primero la belleza más elevada, la que es imperecedera. Ningún adorno exterior puede compararse en valor o belleza con ese "espíritu manso y tranquilo".

    Ellen G. White (2013). “Ellen G. White Review and Herald Articles - Book IV of IV”, p.1679, Lulu Press, Inc