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  • El poder de Dios no ha disminuido en lo más mínimo en los últimos 2000 años. Nuestro Señor todavía se sienta en Su gran trono y Su tren todavía llena el templo. Todavía camina sobre las alas del viento, todavía cabalga sobre las espaldas de los poderosos querubines, y todavía es el Campeón Triunfante del Calvario. Todo el infierno sigue doblegándose a Su voluntad, y el pecado y la muerte han perdido su dominio sobre todos los que descansan a la sombra de Su presencia. Y el Dios que calmó las tormentas, resucitó a los muertos y multiplicó los peces y los panes para alimentar a miles de personas es el mismo Dios que tenemos hoy.