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La sal, cuando se disuelve en agua, puede desaparecer, pero no deja de existir. Podemos estar seguros de su presencia probando el agua. Del mismo modo, el Cristo residente, aunque no se vea, se hará evidente a los demás por el amor que nos imparte.
La sal, cuando se disuelve en agua, puede desaparecer, pero no deja de existir. Podemos estar seguros de su presencia probando el agua. Del mismo modo, el Cristo residente, aunque no se vea, se hará evidente a los demás por el amor que nos imparte.